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Lo
primero que podemos decir de Gabriel, que es muy comico y eso
ya nos cae bien: es un clown… Para un director y dramaturgo,
es profundamente dificil trabajar con él, ya que tiene
cien ideas por segundo, es un genio de la improvisación.
Felizmente es un poeta también, y eso lo calma un poco.
Encontramos en él, además de un humor extremo y
vertiginoso melancolías « porteñas »,
donde el espíritu del tango matiza la risa con toques crepusculares.
Pasamos de los Hermanos Marx a Borges. Y él nos hace sentir
que en el fondo son lo mismo. Gabriel tiene el pudor del desasosiego,
el talento de hacer de su herida una sonrisa que se abre al mundo.
En fin, es un cómico intratable. Ejecuta maravillosamente
su cuerpo y el tiempo con el público. Es un fantasista
absoluto, reforzado por su humanidad. Un maestro con corazón.
Un gran clown.
(Alain Gautré).
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